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Día del Agricultor: "Seremos hadas"

"El hombre debería ser agricultor, no explotador. Este planeta no está destinado exclusivamente a nuestro provecho. El destruir todas las formas de vida que no tienen para nosotros utilidad ostensible y directa es inmoral y, en definitiva, es muy posible que contribuya a nuestra propia destrucción". Así se expresaba el escritor inglés John Seymour cuando de ecología y activismo se lo consultaba.

 


Un férreo defensor del minifundismo, entre sus muchas actividades era locutor, enemigo del consumismo de la industrialización y de los organismos genéticamente modificados. Exponente del movimiento de autosuficiencia, y sobre la necesidad de volver a la horticultura y el cuidado de la Tierra y el suelo. Por ello afirmaba que "el verdadero agricultor procurará aprovechar su parcela, no explotarla".

En este Día del Agricultor que se festejó el 8 de septiembre conmemorando la primer colonia agrícola en la provincia de Santa Fe, la ciudad de Esperanza, es bueno recordarles a los nuevos ricos sojeros que no estamos tan alejados de los métodos de aquellas campañas contra los indios realizada por Alsina en 1876 y por Roca en 1879, quienes abrieron la posibilidad de explotación de la pampa central, acompañada de tierras más baratas, un movimiento colonizador, promovido por nuevas líneas férreas, y de un no siempre justo reparto.

Esa extensión de la frontera agropecuaria a la fecha no viene acompañada de nada, solo de pequeños agricultores expulsados de sus tierras, desertización, cero mano de obra, enfermedades que se cuadriplican por los venenos que se esparcen contaminando agua suelo y a las futuras generaciones.

"Destruir la industria pastoril adonde ya está arraigada (...); para obligarla a emigrar a otros campos, adonde no puede estar segura, porque de allí puede otra vez ser desalojada violentamente bajo el mismo pretesto...", le hacía saber en 1860,Eduardo Olivera  (fundador de la Sociedad Rural seis años después)  a Sarmiento, a través de una carta, oponiéndose a la creación de colonias agrícolas en la provincia de Bs As, pues temía que ese proyecto, aplicado en zonas ya dedicadas a actividades ganaderas, terminaría con éstas.

Ese temor hecho realidad hoy, donde la oleaginosa ha desbancado a la ganadería,  no es una preocupación para los sucesores de La Rural, donde el lema paradójicamente dice "Cultivar el suelo es servir a la patria".

Es más entre sus fines están "velar por el patrimonio agropecuario del país (...); promover el arraigo y la estabilidad del hombre en el campo y el mejoramiento de la vida rural en todos sus aspectos; y asumir la más eficaz defensa de los intereses agropecuarios". Pero eso solo es letra muerta.
Un hada es una criatura fantástica, que según la tradición son protectoras de la naturaleza, producto de la imaginación. Tal imaginación acompañó  a John Seymour en su granja de Gales y luego al condado irlandés de Wexford en 1980.

Fue demandado judicialmente en 1999 por dañar una plantación de remolacha transgénica (OGM) de la multinacional Monsanto. En el juicio por causa de estos hechos, le dijo muy sereno al juez que la destrucción de la remolacha era obra, sin duda, de "fairies" (hadas o duendes). El juez le contestó que los "fairies" no dejan huellas de botas en el barro, a lo que él contestó que eso era seguramente "porque para evitar la demanda, iban disfrazados".
Pagó una multa mínima. Tuvo la delicadeza de cultivar el suelo para aprovechar su parcela y no explotarla. No fue inmoral, porque no permitió que nada  que pueda destruir todas las formas de vida que no tienen para nosotros esa utilidad ostensible y directa que esperamos de la renta y la codicia.
Esa que tarde o temprano, lejos de representar la idea del economista austríaco Joseph Schumpeter, libro de cabecera de los suplementos rurales y los defensores del agronegocio, más que "creadora", es la práctica directa de una siembra que contribuye a "su propia destrucción".

2017  EcoLaMancha